February 26, 2009


Conmigo estarás bien

En la categoría: Uncategorized - Ale @ 8:41 pm

Lo mismo, el relato anteriormente conocido como "Álvaro y la Matrioska" participa en el concurso de relatos cortos para leer en tres minutos "Luis del Val", así que lo oculto a vuestros ojos codiciosos.

February 17, 2009


Las judías

En la categoría: Uncategorized - Ale @ 2:42 pm

Esta semana la clase trataba de sensaciones, emociones y sentimientos. Se trataba de construir un relato haciendo sentir al protagonista y al lector los tres planos de percepción sensorial / reflexión. Me gusta cómo me ha quedado, estoy en racha. Ahí va.

Media hora después de de dar las once en la iglesia del barrio, Trini todavía está en la cocina pelando y limpiando las judías verdes. Las coge con dos dedos, de una en una, mimándolas. Corta primero el tallo, luego el rabito. Ella no tiene prisa.

Sentada en el duro taburete de mimbre de la cocina, el tiempo pasa despacio, al mismo ritmo que crece el montón de judías en el escurridor, bajo el fino hilo de agua del grifo.

“La gente ha perdido el gusto por hacer las cosas bien”, piensa Trini. “No saben apreciar el olor que sube desde las manos, olor a tierra fresca llena de brotes, olor a hierba verde, olor a Asturias. Prefieren abrir un frío brote de cristal, poner las alubias en una sartén, calentarlas, y comerlas. Y dar un paso más hacia vete a saber dónde, pero darlo muy deprisa.” 

A Trini a veces también le gustaría abrir un bote de cristal, pero hace años que no puede por la artrosis del codo.

“Qué gusto da pelar una vaina y descubrir una única habita pequeña. Verde, diminuta, tierna”, piensa Trini mientras la coge entre el pulgar y el cuchillo, y se la lleva a la boca, y la deshace despacio entre los labios. “Madre me reñía cuando estábamos en el pueblo y me veía hacer esto mismo. Me llamaba golosa y comilona. Mis nietos en cambio me miran y ponen caras raras. No me entienden, ni yo les entiendo tampoco a ellos cuando abren esas cosas de plástico que llaman trosquis o triflis, y se las comen para merendar, con esos colores rojos de fuchina. Qué asco”.

“Ojalá todo el mundo pudiera echar una mañana en pelar un bolsón de judías verdes, como yo”, piensa Trini mientras recoge de la mesa algunos hilos que no han entrado en la bolsa de la basura. “No como mi hijo Juan, que siempre coge un puñado y las corta todas juntas, de un tajo. Si lo hicieran bien, tendrían tiempo para pensar en las cosas importantes, en vez de ir corriendo a todos sitios. Seguro que si mi nuera pelara a mano un kilo de judías verdes cada semana, no se hubiera ido de casa… Con lo buen chico que es mi hijo, qué pena me da. ¿Y ahora qué va a hacer?. Aunque la verdad es que yo le veo bien. Ya no entiendo ni a mi familia.”

“Yo lo único que quiero es marcharme contigo, Antonio”, dice Trini mirando una foto de boda en blanco y negro que tiene colgada en la pared, en la que salen sonriendo orgullosos, jovencísimos. “Me has dejado muy sola en este mundo tan raro y tan feo. Mientras el Señor me lleva contigo, aquí sigo, pelando judias, a ver si dándole muchas vueltas entiendo algo”.

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