November 4, 2008


Carmen

En la categoría: Uncategorized - Ale @ 2:31 pm

El objetivo de este ejercicio era hacer concreto y "visible" lo abstracto. El lector se siente más cerca de conceptos sensoriales que de difíciles construcciones mentales. Nos dieron una serie de frases muy abstractas, había que escoger una y hacer un relato para que el lector las pudiera sentir en vez de intentar comprenderlas. La que yo escogí fue "No debes mentir si no puedes estar seguro de tu memoria". Y me salió esto. Os dejo con Carmen.

"Otra vez he vuelto a discutir con mi yerno. Que ya había tomado el postre. Qué tontería. Sé perfectamente que no he tomado el postre, si lo hubiera tomado me acordaría, no lo he tomado, seguro. Me quiere hacer creer que estoy loca. Encima, mi hija le da la razón, y yo me he enfadado y hemos discutido. Vamos hombre, faltaría más, a mis 75 años, decirme que ya había tomado el postre. Además eran canutillos de nata, los que más me gustan. Soy muy golosa.

Después de comer, como todos los días, he tomado el camino que va de la urbanización en la que vive mi hija al Centro de mayores, pero hoy ya iba enfadada y caminando deprisa, así que seguro que tardo menos.

Por cierto: ¿Qué hora es?. Las once y dos minutos. Voy bien.

Estas tres semanas que estoy pasando en casa de mi hija en San Sebastián se me están haciendo un poco largas. Me gusta la casita donde viven, en las afueras, es pequeña pero ellos están muy orgullosos de su piscinita. ¡Como si con el clima de esta ciudad pudiera uno bañarse cuando quisiera!. Por la mañana sale el sol y nos alegra el alma a todos, llenando los árboles y las plantas del jardín de luz y brillo. Pero a la hora siguiente se cubre el cielo de nubes grises y la tristeza nos invade. Invierno, verano, da igual.

¿Tres semanas llevo?. Bueno. Igual un poco más.

Yo donde más a gusto estoy es en mi casa de Lavapiés en Madrid, en la Calle del Calvario con Ministriles. Espero que la señora Asun me esté regando las plantas, como le pedí. El mismo día en que me iba me contó que su carbonería iba fatal, que igual cerraba, qué tontería, cómo va a cerrar, si su negocio lleva en el barrio de toda la vida. Sí, seguro que me está regando las plantas, la señora Asun siempre fue muy atenta conmigo. De pequeña, cuando se iba mi madre a trabajar en la fábrica de tapices de la calle Ciudad de Barcelona, ella me cuidaba y me hacía la comida en la trastienda de su carbonería. Cómo le sale el cocido. Y los callos. Todos los días bromeábamos en su cocina, ella torcía el gesto en uno de preocupación, y se le marcaban las arrugas de la frente, blancas como harina entre el hollín del carbón. "Carmencita, no sé con qué encender el fuego" y yo siempre le decía: "¿Voy a la carbonería de la Ronda a por carbón?". Y nos reíamos. Me gustan las bromas que se gastan todos los días, me hacen sentir segura y cerca de la gente.

¡Huy! ¿Qué hora es?. Las once y cuatro minutos. Voy bien.

La señora Asun se había quedado viuda joven, muy poco antes de que yo naciera, por eso me trataba casi como a una hija.

Pensándolo bien, creo que hace mucho que no veo carbón, ahora las cocinas llevan estos cristales rojos. A mi me gusta más el carbón, no entiendo cómo se puede cocinar sobre algo con aspecto tan frío y tan limpio, no me puedo imaginar mis inmensas perolas sobre un cristal haciendo chup chup toda la mañana y salpicando los fogones. Igual es verdad lo que dice la señora Asun y ha tenido que cerrar. Qué ganas tengo de verla, creo que dentro de unos días ya me podré volver a mi casa en Lavapiés, no sé por qué mi hija se empeña en que me quede con ellos algún tiempo más. La señora Asun debe estar harta de regarme las plantas. Qué vitalidad tiene esa señora, el último día que la vi saltaba para coger el cierre y bajar la puerta metálica de su carbonería.

Mi yerno insiste en que camine todos los días una hora, dice que el ejercicio físico me viene muy bien para lo mío. Yo le hago caso por no discutir. Si sabré yo qué es lo que me viene bien y lo que me viene mal. Además, son unos exagerados, se empeñan en acompañarme, pero yo les digo que me dejen en paz, que no soy ninguna carga. Ya no me dejan coger el autobús desde aquella vez que me despisté un poco. No entiendo cómo pasó, lo cogí después de desayunar, pues como todas las mañanas, y también como todas las mañanas, estaba yo pensando en mis cosas, y de repente miré por la ventana y no me sonaban las calles. Preferí esperar un rato más para ver si me orientaba, pero qué va. Me bajé del autobús y me senté en un banco a pensar dónde podía estar. Me distraje otra vez pensando en la vez que mezclé amoniaco con lejía para limpiar mi casa. ¡Qué susto pasé!. Me empecé a marear, y me parecía que la lengua no me cabía en la boca. Bajé corriendo donde la señora Asun, que se empeñó en meterme la cabeza en un barreño con agua. Qué pesada, todo lo soluciona con agua, parece mentira que alguien que tiene (porque la tiene todavía ¿verdad?) una carbonería puede estar tan obsesionada con el agua y con la limpieza.

¿Cuánto tiempo hace que esto pasó?. Tendría que fijarme más en las cosas, lo recuerdo como si fuera ayer pero han tenido que pasar ya muchos años.

Y todavía me estaba riendo acordándome yo de mi lengua hinchada sentada en el banco, cuando miré a mi alrededor y vi que ya era de noche. Qué cosas, qué despistada soy. En fin, me fui a una cabina a llamar a mi hija. Me costó bastante encontrar una, ¿dónde están todas las cabinas ahora?. ¡Si antes las había a puñados!. Marqué el número de teléfono, 91 4330304. Nadie lo cogió. Debía haberse bajado con la señora Asun. Pues sí que se preocupa bien por mi… ¡valiente ayuda!. Paré un taxi, pero  no atinaba a decirle la dirección al taxista, le iba a decir lo de Ministriles pero me sonó raro. ¿Lo de Ministriles está en San Sebastián?. El taxista me llevó a una comisaría. Al cabo de un rato llegaron mi hija y mi yerno con una cara de susto tremenda. Qué exagerados que son. Por un ratillo que había pasado fuera de casa. Me querían hacer creer que había salido del barrio y de la ciudad y había llegado a un pueblo cercano. Me hubiera dado cuenta.

Ya estoy llegando al Centro de mayores, ya me he dado mi paseíto diario. Hay un chico alto en la puerta. Con bata blanca. Se parece un poco al vecino del cuarto, el que trabajaba en una imprenta. Yo le saludaba mientras hacía esfuerzos para no soltar el pasamanos, casi no llegaba ni poniéndome de puntillas, me decía, hola, Carmencita. Él siempre llevaba la bata sucia de tinta. Era angustioso oirle subir todas las noches hasta el cuarto por las escaleras, yo creo que el olor de las máquinas le estaba haciendo daño en los pulmones. En mi casa no hay ascensor.

- ¡Hola, doña Carmen! ¿Qué tal ha pasado el fin de semana?

¡Qué simpático!. El chico de la puerta se acuerda de mi nombre. Y parece que ya está mejor de los pulmones.

Por cierto: ¿Qué hora es?"

2 Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://lacoparota.blogsome.com/2008/11/04/carmen/trackback/

  1. Mola tu Carmen. Tus letras
    Un beso

    Comment by Jimena — November 4, 2008 @ 8:23 pm

  2. No me cabreo no….. está fenomenal, aunque si lo vivieras te saldría más largo…seguro.

    Comment by super-nacho-tu-tutor — November 16, 2008 @ 8:59 pm

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.

Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Janis Joseph